La eterna migración: La cuarentena de J. M. G. Le Clézio

Publicado en la Revista Nova et Vetera

Hace algunos meses afronté por segunda vez la lectura de La cuarentena de Jean-Marie Gustave Le Clézio, una novela cuyo primer acercamiento me dejó un extraño sabor de boca que hizo imposible emitir una valoración. La reacción inicial fue de instintivo rechazo, sin embargo con el correr de las páginas y el tiempo fui experimentando sensaciones tan diversas y realistas como las vividas por los personajes de la historia, oleadas de esperanza, temor, ira, dolor y resignación fueron sucediéndose para abrir paso a la única y elemental búsqueda de nuestra especie: la supervivencia. Quedaba claro que la impresión que la obra había dejado era mucho más profunda de lo que hubiera sospechado.

Miré a Jacques, a mi lado, pálido y frágil, apretado contra Suzanne. Ambos parecían fascinados por la forma oscura de la isla flanqueada por su islote, semejante a un gigantesco mamífero marino varado en la tormenta con su cachorro. En aquel momento, nadie pudo evitar el pensar que se avecinaba una catástrofe.

Publicada en 1995, la novela narra la historia del viaje a la Isla de Mauricio que emprende Jacques Archambaud, en compañía de Suzanne, su esposa y León, su hermano menor. La travesía, que pretendía ser el reencuentro de los hermanos con sus raíces termina por convertirse en una pesadilla, cuando a bordo del Ava, el barco en el que viajan, se presentan dos brotes de cólera que encienden las alarmas entre las autoridades de Mauricio y condenan a los pasajeros a una interminable cuarentena en la isla Plate.

Desprovisto de su imagen paradisíaca el pacífico se convierte en una prisión, lo mismo para los viajeros europeos que para los jornaleros indios destinados a las plantaciones de caña de azúcar. Los días pasan, los casos de cólera aumentan y la cordura languidece sofocada por el humo de las piras ardientes en las que se borra de tajo el recuerdo de los muertos.

El horror del inminente contagio de Suzanne acecha a la familia Archambaud, que a pesar de los intentos de ocultarlo por parte Jacques, termina por convertirse en una realidad y los condena a morar en el extremo de la isla destinado a los desahuciados. Gracias a los cuidados de su esposo, la joven sobrevive, pero la cuarentena no termina.

El día acaba de manera siniestra. Tras unas horas de calor sofocante, en la casa de la Cuarentena reina un pesado silencio. La lámpara punkah proyecta una luz vacilante que ilumina de modo insólito los rostros.

La sinarquía de Mauricio le da una vez más la espalda a los Archambaud, como ya lo había hecho décadas atrás con los padres de Jacques y León, solo por el origen indoeuropeo de la madre. En medio de la adversidad el menor de los hermanos parece experimentar una revelación, al encontrarse no con el legado familiar, sino con el auténtico llamado de la tierra. Pronto se verá inmerso en una relación casi animal con Suryavati, una joven y hermosa india.

Esta renovada conciencia de su naturaleza tribal alejará a León de su familia y de todo contacto con occidente. La pesadilla por fin terminará para los viajeros, que tratarán de retomar sus vidas, pero él ya no volverá a ser el mismo. Desde entonces será el ‘desaparecido’ lo mismo para su hermano y su cuñada, que para su sobrino nieto, bautizado León en su honor, con quien comparte además del nombre, la voz de la narración.

La cuarentena deja varios mensajes y las primeras nociones de estos están relacionadas con el desarraigo de los protagonistas, franceses por adopción, pero cuyo pasado en la Isla de Mauricio y su linaje vinculado a la sinarquía gobernante de aquel lugar constituía siempre la esperanza de un futuro mejor, misma que perdió todo su valor al ser puesta a prueba. Esto también sucede con la magia de los recuerdos, cuya naturaleza es incompatible con la fría comprobación:

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta[1].

Este desarraigo no hace solo referencia al territorio, sino que también muestra a un puñado de personas marginadas por tradición, alejadas de la posibilidad de elegir y condenadas al ostracismo o a un permanente ejercicio de migración, misma suerte que parece esperarnos a quienes hoy permanecemos en cuarentena, por no formar parte de las mayorías (reales o ficticias), que se empecinan en validar un futuro que a primera vista luce lleno de promesas halagadoras, como también lo parecía en 1932 el dibujado por las consignas de campaña del entonces emergente Partido Nacional Socialista en Alemania, solo por mencionar un ejemplo.

Otro de los aspectos más notorios de la historia es la gran transformación de los personajes, cuyo mundo tal y como lo conocían, dejará de existir sin remedio. Una era termina y otra nueva comienza, pero esta transición ocurre como algo natural para León, que afronta el insospechado giro, con la disposición de quien ratifica con sus actos un destino predeterminado.

Han sucedido muchas cosas, muchas cosas se han deshecho y se han vuelto a recomponer de otro modo: nuestros sentimientos, nuestras ideas, hasta nuestro modo de mirar, de hablar, de caminar y de dormir. Unos han muerto, otros han perdido la razón. Jamás volveremos a ser los mismos.

Sostengo en mi mano la mano de Surya, siento su palma caliente, viva. En la penumbra, apenas distingo su perfil, pero siento su aroma, un poco dulzón y especiado, como el de las lantanas, mientras vamos caminando por el estrecho sendero, empujados por las ráfagas de viento del noreste.

Cabe mencionar la aparición casi incidental de Rimbaud en el inicio de la novela, ebrio y violento en una taberna. Escena borrosa, salida de lo más recóndito de los recuerdos de infancia de Jacques, que sirve al lector como fiel muestra del talante de la narración, que con la cadencia de una cuidada prosa poética transcurre como en medio de un sueño.

La cuarentena significó la ratificación del feliz encuentro con la obra J. M. G. Le Clézio, que cómo abrebocas había transitado por las breves pero emotivas páginas de El africano y que después seguiría con El diluvio, novelas que constituyen una adecuada puerta de entrada al universo del autor, que a pesar del reconocimiento mundial, considero aún poco explorado en nuestro idioma.

Referencias

Le Clézio, J. M. G. (2009). La cuarenta. Tusquets
Le Clézio, J. M. G. (2007). El africano. Editorial Ah
Le Clézio, J. M. G. (2008). El diluvio. Seix barral

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